El problema de la sobre-sistematización del SAT

El fenómeno de la fiscalización extralegal a través de sistemas.

Gustavo Leal Cueva

Socio de Leal Benavides y Cía., S.C., Consultores Fiscales. Fundador y CEO de Fiscalia.com, empresa de servicios de información fiscal en Internet.

Profesor de Cátedra en el ITESM Campus Monterrey y Catedrático de la Maestría en Impuestos en el Instituto de Especialización para Ejecutivos (IEE).

Estudios de Doctorado en Ciencias Fiscales, Maestría en Impuestos con Mención Honorífica en el IEE, Contador Público por el ITESM. Estudios en la Universidad de Colorado en Boulder, Colorado, EUA.

Miembro del Consejo Directivo del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, A.C. (IMEF) y miembro distintos Comités. Miembro del Consejo Directivo del Foro de Especialistas Tributarios. Miembro de la Academia de Derecho Fiscal de Nuevo León, A.C.

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El uso de sistemas y tecnologías de la información (TI) es esencial en casi cualquier actividad humana y, especialmente, en las labores administrativas. No se puede concebir la búsqueda de una administración eficiente de recursos sin el apoyo de sistemas informáticos que ayuden a la estandarización de la información, al flujo de datos y la facilitación de las labores.

En el contexto de la administración tributaria, los volúmenes de datos que manejan las autoridades recaudadoras son cuantiosos y se requieren medios y mecanismos que propicien una calidad de datos adecuada, suficiente y, sobre todo, que sea útil. Sin la adopción de sistemas informáticos esto no podría conseguirse.

El caso mexicano
En el caso mexicano, la autoridad fiscal, el Servicio de Administración Tributaria (SAT), por más de 15 años ha trabajado con miras a sistematizar las distintas funciones de una autoridad recaudadora: Desde la propia recaudación, pasando por la obtención de los datos declarados por los contribuyentes, hasta la homogeneización de información que fluye entre los propios contribuyentes, como es el caso de la factura electrónica, que es un estándar nacional en el que todas las empresas plasman los datos de cada una de sus operaciones, y que se convierte en información fácilmente procesada por los propios sistemas computacionales.

En este sentido la autoridad mexicana ha logrado romper paradigmas y ha alcanzado un nivel de digitalización que frecuentemente se toma como ejemplo por la comunidad internacional.

Esta tarea es innegable y es de reconocerse. Automatizar la gestión tributaria y la operación de los contribuyentes debe resultar en eficiencias operativas tanto para el gobierno como para los contribuyentes.

No obstante este loable objetivo, las dificultades que los contribuyentes enfrentan en la práctica diaria de sus negocios y las complejidades en el cumplimiento de las obligaciones fiscales demuestran que el resultado de esta sistematización no ha sido el esperado.

La sobre-sistematización
El problema no deriva de la sistematización, pues como se ha indicado, es algo deseable a lo que cualquier empresa o autoridad tributaria debe apuntar. El problema deriva de una sobre-sistematización, entendiendo por esto la búsqueda de un control excesivo por la vía de los sistemas, de forma que se generan ineficiencias operativas y pérdida en la calidad de datos y en la capacidad de explotarlos.

Uno de los principios del diseño de sistemas de cómputo es la previsión de los distintos escenarios en que el usuario de esos sistemas puede encontrarse, buscando un balance entre la facilidad de uso de la aplicación, la calidad de los datos o información a recibir y que el soporte técnico que se llegue a requerir sea el mínimo. En esta tarea jamás debe perderse de vista que es humanamente imposible contemplar todos y cada uno de los escenarios. Las variables que intervienen en un proceso administrativo son tantas que no es viable factorizarlas. Este hecho debe ser reconocido y considerado el diseño de un sistema informático.

Los excesos de la factura electrónica
Generalmente estas consideraciones se traducen en que la información solicitada debe ser solamente aquella que resulte útil, pues solicitar información de amplio detalle pero sin utilidad, es una pérdida de recursos tanto para el desarrollador del sistema como para el usuario. El ejemplo más palpable es la factura electrónica, en la cual se exige un nivel de datos y de detalle que no tiene gran utilidad para la autoridad tributaria, como puede ser la unidad de medida de un producto, o bien, requerir datos que ya existen en el ecosistema de información y que no es necesario replicar un sinnúmero de veces, como pueden ser las cuentas bancarias desde donde se emite un pago o en la cual estos se reciben; esto es, si la información ya está generada y disponible a través del sistema financiero, es redundante, ineficiente y costoso que los propios contribuyentes la repliquen en las facturas y en las pólizas contables.

Este caso de la facturación electrónica es muy ilustrativo. El hecho de que un documento oficial sea electrónico genera eficiencias, y el hecho de que esté estandarizado se traduce en grandes beneficios inclusive para los propios contribuyentes, quienes pueden procesar esta información de manera automática resultando en agilización de procesos, en reducción de costos, en mejor calidad de la información y en eficiencia de recursos; sin embargo, el hecho de que se solicite tal detalle de información, y que se tengan criterios de aplicación tan limitados que propician que existan operaciones que no pueden ser correctamente documentadas, produce el efecto opuesto: Mayores costos, ineficiencias y en una baja calidad de datos e información, que finalmente hacen que no tenga utilidad para la autoridad fiscal, como el mecanismo para relacionar facturas, notas de crédito o comprobantes de pago entre sí. Esquema que ha demostrado no ser eficiente.

Formato de declaración anual
El otro caso de sobre-sistematización y sus indeseables efectos es el que actualmente están viviendo las empresas de México, quienes se ven imposibilitadas de presentar su declaración anual del año 2020, porque el sistema tiene criterios de diseño que, si bien buscaban de origen eficiencias en el proceso, por la forma en que se diseñó resultó en la imposibilidad de calcular el impuesto correctamente y, por ende, la imposibilidad de presentar la declaración anual con datos correctos.

El hecho de tener un formato con información cargada de manera automática es, sin duda, una gran idea y con un muy buen objetivo: Facilitar al contribuyente el llenado de la declaración y, además, facilitar la detección y corrección de errores en la información presentada durante el año. Esto es algo muy positivo para los contribuyentes. El problema es que el criterio para el diseño de esta herramienta ha sido que el contribuyente no pueda editar la información que en automático se carga, violando no sólo uno de los principios de diseño de sistemas que es la imposibilidad de prever todos y cada uno de los escenarios que los usuarios pueden enfrentar, sino que también se viola uno de los principios jurídicos de los impuestos, que es el de la autodeterminación del mismo; esto es, es el propio contribuyente quien debe determinar el impuesto, no la autoridad. Si bien la autoridad hace bien en proporcionar al contribuyente un formato con información precargada, no debe limitar al contribuyente a determinar el impuesto con base en esos datos. Lo ideal es que los datos se carguen en forma de datos sugeridos, pero no que se limite al uso obligatorio de los mismo.

La falla más generalizada de este formato de declaración anual para 2020 es la omisión de la aplicación de la pérdida fiscal por amortizar generada en 2019. El sistema no carga ese dato, pero el contribuyente tampoco puede alimentarlo de manera manual, debido al diseño limitativo que se ha comentado. El contribuyente se ve imposibilitado para hacer una determinación de su impuesto conforme a lo establecido en ley, resultando así un mayor impuesto que el que debería, o bien, si decide no presentar la declaración anual por no ser ese el impuesto que le corresponde, estaría en una situación de incumplimiento que puede desembocar, inclusive, en la cancelación de sus sellos digitales que utilizar para emitir facturas.

A unos días de que venza el plazo para presentar la declaración anual de 2020, los problemas que genera este diseño limitativo del formato no han sido corregidos, colocando a los contribuyentes en una encrucijada al no poder determinar sus impuestos como lo marcan las leyes, porque el sistema en el que se declaran presenta fallas en el manejo de información que inciden directamente en la determinación del impuesto.

Estas situaciones evidencian que esta sobre-sistematización del SAT está produciendo ineficiencias en la operación de los contribuyentes e ineficiencias en el proceso de recaudación tributaria. El exceso de detalle de información y el exceso en la búsqueda de controlar la información que declara el contribuyente tienen un efecto contrario a la eficiencia de estos procesos.

Fiscalización extralegal por sistemas
Esta sobre-sistematización genera, además, un efecto nocivo en una relación tributaria entre fisco y contribuyente, que es la imposición de criterios a través de sistemas; es decir, se establece el sistema computacional como el medio único para cumplir una obligación; entonces, a través del sistema la autoridad puede establecer criterios que pueden diferir de lo previsto en ley, generando cargas a los contribuyentes superiores a las de ley.

Un ejemplo claro de esto es el formato de pago provisional del Régimen de Plataformas Digitales (RPD) de personas físicas, en el que, contrario a lo que prevé la ley, la autoridad argumenta que este régimen no contempla deducciones en el cálculo de los pagos provisionales. Como la aplicación (el formato) para el pago provisional es el único medio para cumplir con la obligación, y dicha aplicación no contempla deducciones, entonces el contribuyente se ve obligado a hacer un pago mensual mayor al que resulta de aplicar el procedimiento de ley.

Comentarios finales
Los sistemas informáticos o aplicaciones pierden utilidad si los criterios para su uso son limitativos, pues no es posible factorizar todas las variables que puedan enfrentar los millones de personas que los utilizarán, debiendo desarrollarse procurando que el usuario no se vea limitado en su uso. El sistema debe ser visto como un medio de apoyo para lograr una eficiencia y no como un fin en si mismo. Deben ayudar a agilizar las labores y procesos, y no que representen un obstáculo.

Los sistemas informáticos, específicamente en materia de administración tributaria, no deben ser utilizados como un medio para imponer mecanismos o criterios, pues dejan al contribuyente en un estado de indefensión y tiene un impacto económico nocivo.

Este es un fenómeno de fiscalización por sistema con criterios que exceden a la legislación, con un estado de indefensión para el contribuyente. Es un fenómeno que debe ser estudiado y regulado para evitar afectaciones al gobernado.

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